Así
como me enorgullezco de los shows que he visto… Creo que me enorgullezco más de
los que he logrado evitar ver que, créanlo o no, incluyen “Lion King”,
“Chicago” y “Mamma Mia”. ¡Ja!
Mucho
cuidado: sé igual todo de ellos, pero la verdad es que me gusta hablar y
recomendar opciones diferentes a las estándares que les va a decir el concierge
del hotel en Nueva York.
Hasta
el año pasado “Wicked” también entraba en ese grupo (de eso, escribo otro día).
Y, hasta hace un par de años, “Jersey Boys” también.
Ahora,
si me preguntan cuál es el show que más he visto en Broadway de cuenta propia
(y que quizás sea mi favorito de la era pre-Hamilton) es, precisamente ese:
JERSEY BOYS, show que hoy celebra su décimo aniversario en Broadway.
“Jersey
Boys” es un musical de los conocidos como musicales
rockola, es decir aquellos que usan canciones ya conocidas, en lugar de
composiciones originales, para contar su historia. Así como “Mamma Mia” usa las
canciones de Abba, “On Your Feet” las de Gloria y Emilio Estefan y “American
Idiot” las de Green Day, “Jersey Boys” usa la reconocida música de Frankie
Valli y los Four Seasons para contar la historia y carrera de la banda y sus
integrantes (Frankie Valli, Tommy DeVito, Nick Massi y Bob Gaudio). Esta música
marcó a toda una generación y es pegajosa como ella sola. Hasta la gente que
cree que no la conoce, la conoce.
Llegué a “Jersey Boys” por una invitación y compromiso familiar. Me dije: vaya, pues. Lo veo. Y salí del teatro con un llaverito de recuerdo, y una sonrisa de oreja de oreja –que como que parece ser mi modus operandi, ahora que lo pienso).
“Jersey
Boys” es un show sencillo en montaje, pero preciso, que pasea no sólo por la
historia americana, sino la musical de mediados del siglo XX. Las canciones de Frankie Valli como solista, y junto a
los Four Seasons, se hilan para
recrear los momentos más significativos de su carrera y de las vidas de cada
uno de los personajes. Es una buena noche de teatro y en la que, hasta el
público que va sólo para revivir sus canciones favoritas, suele quedar prensado
con la vida que cada uno de los actores recrea.
Mi
segunda visita a “Jersey Boys”, también me introdujo a quien es ahora uno de
mis actores favoritos de Broadway, Andy Karl. Fue uno de esos momentos en los
que, en lo que entra alguien al escenario, uno dice: Y este, ¿quién es?
Vi a
Andy Karl interpretar a Tommy DeVito, el motor detrás de la creación de los Four Seasons, y cambiar ante mis ojos la
percepción de un personaje que si bien no había olvidado, no recordaba con
tanto cariño (y, cuando vean “Jersey Boys”, van a ver que Tommy DeVito no es
precisamente el héroe).
Desde
entonces, he tenido oportunidad de ver a Andy Karl en tres otros musicales: The Mistery of Edwin Drood, On The Twentieth Century, y como nada
menos que Rocky Balboa en Rocky: The
Musical (que es mejor de lo que creen que están pensando al leer el título.
¡Se los prometo!). Pero, más sobre Andy en otro post…
El
punto es el siguiente: un musical no llega a tener 10 años en Broadway porque
sí. Llegar a ese aniversario es un hecho histórico, por decir lo menos, y que
prueba que una producción, su guión, música y montaje han hecho un buen trabajo
manteniendo el interés del público a través del tiempo.
La
mayoría de los musicales en Broadway no logra estar en cartelera el tiempo
suficiente para recuperar la inversión de producción (a nivel económico, son
considerados inversiones de muy alto riesgo, de hecho). Quizás imitando un poco
a Hollywood, al menos a gran escala, hay una tendencia a [re]producir cosas que
hayan demostrado dar algún dividendo en el pasado. Este es parte del atractivo
de los musicales rockola: si la
canción ya fue exitosa, pues ¡más posibilidades para el show! Pero, sin
importar el material previo, nada puede mantenerse exitosamente de pie, sin
contar con más de un elemento sólido: música, guión, actuaciones, voces,
dirección, escenografía, iluminación,…
“Jersey
Boys” y las cientos de personas involucradas en el show desde su creación, hoy
celebran una DÉCADA en el mercado teatral más exigente del planeta. Citando a
Sondheim: I’ll drink to that!
¡Felicidades!

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