Los
últimos días he estado envuelta en un torbellino de acontecimientos y
aventuras, todas al ritmo de lo conocido en Social Media como #Hamiltunes: las
canciones del nuevo musical de Lin-Manuel Miranda, “Hamilton”. Un monstruo de obra que ha venido a cambiar el panorama del teatro musical americano a punta de puro contenido, y que ha demostrado ser un éxito de taquilla a tal nivel que sus canciones no sólo están en la lista de las más vendidas de la revista Billboard, sino que sus entradas están agotadas hasta Marzo de 2016.
Empezar
a hablar de "Hamilton" es complicado y, por el camino en el que voy yo,
interminable. Es emocionante ver a un show que despierta tantas emociones,
pasiones, seguidores, y que marcha a paso de vencedores tras los pies de su
creador. (Me incluyo orgullosa en el paquete). Fuera de saber que tengo la
tendencia de llegar al fondo de los temas que me gustan, hacía tiempo que una
obra no me llevaba, por ejemplo, a leer orgullosa la biografía de 800 páginas
que lo inspiró.
Pero,
antes de “Hamilton”, quiero hablar de Lin-Manuel Miranda, y de la primera vez
que me permití conocer su trabajo, bajando mis pseudo-defensas patrióticas en el
mercado norteamericano.
La cosa
va así:
En Marzo de 2010 estaba recién llegada a Nueva York. Fuera de lo
espectacular que es la ciudad (que lo es, no de gratis he estado aquí desde
entonces), esos primeros meses no fueron fáciles. Un día en particular, sentí
que quería ver un “show feliz” para ayudar a levantarme los ánimos.
Supuse
que “In The Heights” podía ser la respuesta, pero hasta ese momento me había
negado a verlo. Había escuchado que trataba de “latinos”, y eso en Estados
Unidos, usualmente significa “la idea que los americanos tienen de los
latinos”… Y no tenía realmente ganas de que un local me viniera a mí a decir
cómo tenía que sentirme o ser como Latina. ¿Por qué? Porque por lo general,
estaban siempre equivocados.
Esas
generalizaciones de que Latinoamérica es toda igual, que a todos nos da risa lo
mismo, que todos nos vemos iguales, vestimos iguales, que comemos lo mismo, oímos
lo mismo, ya me resultaban más cansonas que los Latin Grammys...
Este
día, sin embargo, por algún motivo, “In The Heights” resultó atractivo dadas
las condiciones. Vaya. Me compré el ticket y me senté frente al escenario.
Lo que
me envolvió en las siguientes dos horas fue, por decir lo menos, refrescante.
Sí, era un show que se centraba en la comunidad latina de la zona de Washington
Heights en Nueva York, pero su historia iba mucho más allá. Y lo que la hacía
ir más allá, es que este show presentó a personajes que no “actuaban” como
latinos, sino que realmente lo eran. Que se desenvolvían con una música
particular, con un swing particular, orgullosos de lo que creían, de cómo eran,
de lo que hacían –desde el café, hasta el billete de lotería, hasta la música
que bailaban. El meollo del show no eran los latinos, era la historia que
contaban en esta nube sabrosa de latinidad, spanglish ocasional (y muy bien
usado), referencias que sólo un latino que se respeta sabe, y una música tan
espectacular que todavía creo fervientemente que si la pongo en medio de la
pista de baile en una boda en Venezuela, NADIE se va a enterar que es de un
musical.
Para muestra un botón: vean 20 segundos del video de
abajo empezando en 3:05 y la primera referencia musical que me hizo mirar a los
lados en el teatro a ver si alguien más había entendido que ahí venía el
Tiburón.
Esa es sólo una de las referencias que hay en “In The Heights”, y que han caracterizado el trabajo de Lin-Manuel incluso hasta “Hamilton”.
Ese Marzo, salí del teatro esperanzada de una manera especial. Me sentí especial. Lin-Manuel Miranda me hizo sentir especial compartiendo todas estas referencias y chistes internos conmigo mientras contaba su historia y me alegraba el día.
Desde entonces, he seguido su carrera que incluye no sólo la escritura y composición de otros musicales y especiales para TV ( “Bring it On”, “Hamilton”, los premios “Tony” y la próxima película de Disney, “Moana”) sino actuación en películas y hasta episodios de “House, M.D.” y “Modern Family” entre otros.
Lo que siempre me sorprende, es que cada vez que nombro a Lin-Manuel a alguien de Latinoamérica (por más que le gusten los musicales), no suelen tener la más mínima idea de quien es. Cuando recomiendo sus canciones a alumnos de habla hispana, nunca las han escuchado, y me repiten su nombre como si fuera el mío: Lin-Ma qué? No que el hombre necesite más fama de la que le está viniendo encima a raíz de “Hamilton” y de la que le vendrá haciendo la música de la nueva película de Disney “Moana” (de la que creo que todos esperamos un nuevo Let It Go), pero lo que ha hecho Lin-Manuel por los musicales, tan sólo compartiéndose coherentemente a sí mismo y toda esa mezcolanza cultural que hay en su cabeza, es impactante.
Me doy a la tarea de ayudar a que se conozca al hombre y a su obra con la misma gracia que él universaliza tantas experiencias e historias. Así que, en la vena de los Papeles Federalistas de Hamilton, Madison y Jay, nombro oficialmente a esta entrega como el primer capítulo de los Manifiestos Mirandinos: mi serie personal de ensayos en Español sobre Lin Manuel Miranda. #AgarreseQuienPueda.

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